viernes, 31 de enero de 2014

¡Qué feliz soy con tan poco!

 
No dejo de sorprenderme a mí misma; y no lo hago fácilmente. Pero, en los tiempos que corren, parece incluso extraño no sorprenderse de las pequeñas cosas que nos suceden.  Parecen tan increíbles e inciertas como sospechosamente gratificantes.
 
Me aclaro...
 
Hoy he firmado un contrato de trabajo por tiempo de una semana. ¡Una semana! Sí, el asunto parece tan absurdamente ilógico que es difícil de creer. Sin embargo, ese insignificante trabajo de cinco días laborales me parece tan satisfactorio y gratificante como firmar un contrato de seis meses. Sólo puedo pensar que al fin mi cuenta dejará de temblar unos días y que mis números pasarán, aunque sea por un corto plazo de tiempo, de un engorroso y negativo tono rojizo a un hermoso, oscuro y positivo tono negruzco. ¿No es fantástico?
 
 
Por otro lado, no puedo evitar pensar que me conformo con poco y, aunque me entristezca esa inquietante idea, no puedo dejar de sonreír por lo feliz que me siento. ¿No es abrumador pensar que si ahora me conformo con poco mis aspiraciones futuras serán menores? Por un lado, me digo que sí. Por otro, en cambio, me regaño con dureza y me digo a mí misma: "Cariño, estás estudiando prácticamente toda la semana; haces diariamente ejercicio; tienes tres blogs que atiendes con cariño, trabajo y constancia; además, tienes una "tienda" online que movilizas en las redes; eres probadora de productos  y contestas varias encuestas al día con el fin de ayudar a las marcas; eventualmente trabajas; te encargas de una casa y de tres perros, además de dedicarte a tu chico, que es fantástico y te adora tanto como tú le adoras a él; y, además, cuando puedes, haces cursos para formarte y profesionalizarte al máximo. ¿Qué más quieres?".
 
 
"¡Quiero más!" me responde mi yo exigente. Sí, señores, no puedo evitarlo. He nacido exigente conmigo misma, con mi persona y con mi futuro. Y soy exigente porque aspiro a mucho, a mucho más. Si tengo tres, quiero cinco. Y si tengo los cinco, quiero diez. Es algo que no puedo (ni quiero) evitar, pues ese afán de superación es lo que me hace luchar a diario por lo que quiero, por mi futuro, por mí.
 
Si hoy he firmado un contrato de una semana, ¿quién no me dice a mí que mañana firmaré uno de quince días... o de un mes? ¿O de tres? La cuestión es superarse. Superarse, crecer y aprender.
 
 
Si me caigo, me levanto. Si me tropiezo, me equilibro. Si me doy contra un muro, la próximo vez lo esquivo o lo salto. ¡Yo qué sé! El caso es aprender y superarse a sí mismo. Estoy rodeada de personas que pueden aportarme mucho; soy afortunada. ¿Por qué no aprender de ellos y absorber todo lo que tengan que ofrecerme?
 
Y mientras tanto, ¿por qué no? ¡Ser feliz! Ser feliz aunque sea con muy poco...
 
Aquí os dejo el anuncio de hoy. Helena, una lectora asidua de nuestro blog, nos aporta su granito de arena con esta monada de baberos. ¿Quién no querría uno para su bebé? En compensación, si adquirimos uno, le estaremos ayudando económicamente, pues está atravesando una mala racha.
 
Yo, por mi parte, ya le he encargado tres para mi cuñada y mis amigas. ¿Quién me iba a decir a mí que iba a estar rodeada de bebés? ¡Qué alegría!
 
 
DESCRIPCIÓN
Baberos para bebés, niños y niñas
con detalle de nombre y estampaciones cosidas a mano.
Algodón 100%
Precio: 8€
Precio con envío (Seur): 10€
Tiempo estimado de entrega: 3-5 días
ESTADO: Nuevo sin etiquetas
 
 
 ¡Para casa!
 

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