miércoles, 23 de julio de 2014

De cañines por Madrid

 
¡Qué sorpresa cuando supe que participaba en el proyecto de Cañín de Mahou Sin! ¡Era una trndiana afortunada! porque, además de aprender cosas tan interesantes como que Mahou es de origen español y que la fábrica de Mahou se encuentra en Alovera, municipio visigodo conocido por sus famosos bollos de la paz, iba a disfrutar con mis amigos y hermanos del cañín de Mahou Sin en una ruta organizada con premeditación y apego.

 
Así pues, tiré de agenda y whatsappeé sin parar, hasta que me dolieron los deditos de tanto teclear. Y es que conocer a tanta gente es lo que tiene. ¡No faltó ni uno por conocer la noticia! Mas ocupados en otros menesteres menos gratificantes que el propuesto por mí, optaron por rechazar la propuesta sin pestañear.
 
 
No obstante, no dejé de insistir y, más bien por pesada o porque realmente les apetecía algo fresquito, mi chico, mi hermana y un amigo decidieron disfrutar del proyecto conmigo. ¡A beber se ha dicho!
 
Decididos, nos acercamos al bar-restaurante Nueva York, en el Ensanche de Vallecas. Hacía calor, así que no tardamos en pedir la primera ronda: dos botellines y dos cañiñes de Mahou Sin. ¡Traidores! Los hombres pasaron al bando de la Mahou clásica, pero nosotras supimos ser fieles al proyecto. ¿Seríamos capaces de permanecer en nuestros bandos, respectivamente?
 
 
A pesar de que los cañines estaban menos fríos de lo que hubiéramos deseado, su sabor era inconfundible: cremoso, consistente y ligeros tonos a lúpulo y cereal. El cuerpo de la Mahou Sin es ligero y, a pesar de tener un suave amargor, su dulzor es inconfundiblemente marca Mahou.
 
Disfrutamos de varias rondas entre historietas y hazañas (por no llamarlos proezas vergonzosas) de pasadas reuniones con cervezas Mahou como protagonistas. Y, esperándolo desde... la ronda número 2, surgió el tema: Mahou Clásica versus Mahou Sin.
 
 
Ciertamente la Mahou clásica es una cerveza más sabrosa, con un color más dorado y un aroma más afrutado. Una cerveza que mantiene un estudiado equilibrio entre el alcohol que contiene y su acidez. Sin embargo, también tiene sus contras. Es una cerveza que, a pesar de tener un sabor excelente, no puedes beber en exceso. Además, si bebemos muchas clásicas, no podemos hacer muchas rutas cerveceras, al menos en coche.
 
Así que la Mahou Sin seguía siendo la mejor opción. Gran sabor, sin alcohol y una Mahou de siempre, concretamente desde 1990. Nada de "cerveza floja", como se la conocía.
 
Por supuesto, también tuvimos hazañas en esta reunión cervecera: nos peleamos por los aperitivos, muchas de las fotos que hicimos fueron desastrosas (las más decentes las hemos subidos a la web de trnd), perdimos dos euros para pedir un par de cañines más (finalmente, nos invitaron. Más por obligarnos a dejar de mover el mobiliario por encontrarlos que, quizás, porque quisieran), nos conocimos un poco más y seguro, seguro, seguro, que rejuvenecimos al menos dos o tres días. ¿No dicen que la risa rejuvenece? ¡Pues eso!
 
 
Fue una experiencia realmente encantadora. Disfrutamos de la compañía, de los cañines Mahou Sin y, ¿por qué no decirlo? del proyecto Cañín, la caña de Mahou Sin.
 
¡Ah! Y ninguno se cambió de bando. Eso también cuenta, ¿no?
 

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