lunes, 1 de septiembre de 2014

Abogados, pleitos y mazazos

 
Personalmente, pienso que hay dos tipos de personas:
  1. Las que se hacen más grandes con los golpes.
  2. Las que se achican con ellos.
Yo, por mi parte, pertenezco al grupo número uno. Cuanto más golpes me da la vida, cuanto más cuesta arriba se me hace, más crezco como persona y más resolutiva me hago.
 
Es más, he aprendido que la capacidad humana para crecer y aprender es inagotable cuanto más te "pisan" o más intentan hacerte pequeña.
 
 
Y digo yo: ¿es justa la justicia? Es ésta una duda de muy compleja y extensa respuesta, así como de muy variables opiniones. Los abogados dirán que sí. Los fiscales dirán que también. Los jueces, imagino, que lo afirmarán con más vehemencia aún. Pero, ¿y los clientes? ¿Y nosotros? ¿Realmente opinamos lo mismo? Lo dudo. Es más, confirmo rotundamente que no.

Desgraciadamente, debido a la toma de malas decisiones y a los escasos consejos de un abogado con trabajo pero sin vocación (en mi caso, más de un abogado), me veo obligada a hacer faraónicas inversiones económicas para defender mi inocencia, mi justicia y mi dignidad ante una situación vergonzosa y degradante. Y es que este país vela más por los intereses de los desgraciados, los ladrones y los estafadores con piel de oveja, siempre con sus trampas y sus entrelíneas, que por sus víctimas; inocentes, engañadas y humilladas.

 
Pero no, señores, no me rendiré.

Tranquilos.

Es más, me hago más fuerte, más firme y más contundente con cada pleito y cada mazazo que recibo.

Y cuando llegue el momento de que sea yo la que dé mi propio mazazo a esta justicia sin conciencia, el lobo tendrá que dar por fin la cara. Y la dará. Y será entonces cuando la justicia tendrá que dar parte, que actuar y que demostrar que existe. Y lo tendrá que hacer con firmeza y seguridad porque no podrá sortear a su propio destino por más tiempo.


Y entonces, señores, sí. Será en ese momento cuando por fin yo pueda gritar con una sonrisa en los labios que los mazazos y los pleitos de los abogados me han hecho más fuerte, decididamente más persona y resolutivamente más infalible. Y serán esos mismos pleitos y esos mismos mazazos los que despojen a ese lobo de esa falsa piel de oveja. Y caerá avergonzado, denunciado y sentenciado.

Y sí, sonreiré. Sonreiré por dentro y por fuera. Sonreiré porque he luchado. Sonreiré porque me lo he ganado. Sonreiré porque por fin habrá habido justicia.

Y entonces, puede que sólo entonces, vuelva a creer en los abogados, en los pleitos y en los mazazos. Eso sí, en los que existen por vocación. Que de ésos también hay de dos tipos.

 

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