sábado, 21 de febrero de 2015

Rutina de maquillaje

 
Una rutina de maquillaje es como el respirar: lo haces con tanta naturalidad que apenas prestas atención a los posibles condicionantes.

 
Te da igual que haga frío, calor o un viento infernal, tú a la calle no sales sin maquillar. ¡Faltaría más!
 
Que sales a comprar el pan, ¡maquillaje! Que te vas de compras con tus amigas, ¡maquillaje! Que vas a hacerle una visita a tus padres, ¡maquillaje! Que vas al gym, ¡maquillaje! Bueno, no. Eso es pasarse. Aunque un poco de rímel y una raya negra muy fina... no mata a nadie. Total, nadie se va a dar cuenta y tú sí, que es lo importante. Tampoco es cuestión de ir como un panda, pero un poco decente... ¡Que el patio no está como para perder oportunidades! No vaya a ser que aparezca un señor Grey en mi vida y me pille con unas ojeras de caballo.
 
 
Recuerdo que, cuando era pequeña, lo primero que hacía nada más levantarme era maquillarme. Antes incluso de quitarme el pijama o de desayunar. ¡Por Dios! Mi familia no podía verme con esta cara de "joker" que echaba para atrás. Antes muerta que... "pillada".
 
 
Prefería quedarme sin comer, sin ducharme (sí, lo sé, suena fatal) o sin salir antes que no maquillarme. El maquillaje y yo éramos uno solo, una unión, un vínculo.
 
Ahora, bueno, somos como un trío: mi rímel, mi gloss y yo. A veces, experimentamos con otros dúos: un gloss más atrevido, unas pestañas falsas, unos polvos iluminadores (¡uy!)... pero siempre, siempre, siempre, volvemos con nuestros originales: nuestro rímel de toda la vida y nuestro gloss. Ellos son los únicos que nos hacen sentir nosotros mismos, nos dejan ser nosotros mismos, nos hacen felices.
 
 
Porque... ¿qué es el amor si no aquel sentimiento que te hace feliz? ¿Te hace sentir completo?
 
 

1 comentario:

  1. Sí, bajabas a comprar el pan que eran dos minutos, literales de nuestro tiempo, pero antes te pasabas veinte minutos en el baño maquillándote, qué estrés!!!

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