Abogados


Abogados que evitan juicios, juicios que duran meses y constan de sumarios interminables, interminables pugnas por defender los derechos de los ciudadanos, ciudadanos que reclaman justicia, justicia lenta y no siempre eficaz, eficaz trabajo de muchos abogados, abogados que no creen en eso del cuento de nunca acabar. Te invitamos a contar una historia sobre abogados en solo ciento cincuenta palabras. Participa en el Concurso de Microrrelatos sobre Abogados, convocado por el Consejo General de la Abogacía Española y la Mutualidad General de la Abogacía, y dotado con un premio mensual de 500 euros y un premio final adicional de 3.000 euros, además de la publicación de los mejores relatos en www.abogacia.es y www.mutualidadabogacia.com. Además, los participantes podrán votar a través de la web a su relato favorito, y los dos más votados entre enero y octubre también participarán en la final junto con los diez finalistas mensuales.


<<Un hombre de 41 años asesinado por su socio en una operación por tráfico ilegal de drogas, una muchacha detenida por el robo de un bronceador en unos grandes almacenes, un capo puesto en libertad por ser abonada su desorbitada fianza, un hijo desahuciado porque sus padres no le otorgan la condonación de la deuda,… Las noticias de mi país son cada vez más inquietantes y apocalípticas. Me siento frente al televisor desesperanzado, agónico y alicaído. Ni si quiera el resumen que dan al inicio puede alentarme a sentarme para escuchar el resto de lo que ocurre a mi alrededor. Muchas veces me pregunto si las mejores noticias las comunica la señorita del tiempo, con sus soles y sus nubes. ¡Qué diferentes eran las noticias de los años 80! ¡Qué gratas y satisfactorias!>>
 
<<Casi me rompo el cuello en el arbitraje del partido de fútbol de mi hijo. Con sus diez años de edad, el muy pícaro patea el balón como si lo hubiese estado haciendo desde su fecundación. No parece mi hijo, ya que mis genes son patéticamente torpes, lo que provoca un accidente en mi persona cada dos por tres. Caminando hacia el chiringuito donde habíamos quedado con mi mujer, tropecé dos veces, arrollé a un viandante y besé bruscamente una farola. ¡Tan distintos éramos!
Tras besar fugazmente a Marta, pedí una cerveza bien fría.
- Han llamado del despacho, cariño- me confesó-. Tenemos problemas con la cédula de habitabilidad de la casa en la calle Pez.
Sorprendido, derramé parte de la cerveza sobre mí. ¡Cuánto envidiaba a mi hijo y su agilidad para controlar lo que manejaba! A veces, deseaba robarle su identidad para parecerme en algo a él.>>
 
<<"Sr. García, está usted despedido". Casi me ahogué con la noticia. El tiramisú se me atragantó sin piedad. ¡Al infierno con mi postre! ¿Despedido? Me he pasado los últimos siete meses entre arbitrajes, mediaciones, negociaciones y pleitos, sin apenas dormir. Mi traje Armani desprendía un olor irreconocible que no lograba, ni quería, describir; apestaba a mí mismo. Ni la masiva huelga del pasado martes pudo impedir que trabajara mis catorce horas diarias. ¿Qué le ocurría? ¿Se había vuelto loco? He cumplido con mi trabajo con creces. Me he matado por el bufete. ¡Me he dejado la piel! La suplicación de un porqué era tan impensable como una vasta trifulca sin sentido. ¿Qué haría yo ahora? ¿Rogarle el reintegro al despacho? Me enfurecía demasiado la idea como para sopesarla si quiera. Dos días me había dado de plazo para recoger mis cosas. ¡Dos días! Que Dios me ampare.>>
 
<<Con la operación Emperador, el nuevo caso que llegó al bufete, un torbellino de abogados ávidos de poder desfiló por la puerta de mi despacho dispuesto a conseguir el caso a toda costa. Matrimonios concertados, extorsión, prostitución,… ¡Prometía ser un caso estrella! Mi memoria aún recordaba el último que llegó a mis manos. Esos casos nunca se olvidan.
Cinco minutos antes, mi jefe, sin manifestación alguna en su rostro de la efervescencia que seguro estaba fluyendo por su sangre, me entregó el caso sin dudar. "No hay referéndum con este caso. No me decepcione, Cazorla". Sonreí insolente.>>
 
<<Autoimpuesto mi propio aislamiento a la muda soledad de un banquillo de los Juzgados, me refugio en mi cuaderno y garabateo sin parar frases sueltas sin lógica que, conectadas entre sí, forman un comité de párrafos agrupados por una misma teoría. No escucho el teléfono. No atiendo visitas. Esos periodistas son como implacables medusas; ciegos, sin corazón ni cerebro, que me acechan incansables. No permitiré otro oprobio de su parte. No puedo concederme otra prórroga. Concentrado como estoy en este caso, sólo me aferro a mi cuaderno y al café. No existe nada más. Sólo yo, mis conjeturas y la adrenalina que inyecta en mi sangre toda esa cafeína. Cuarenta horas sin dormir. Diecinueve sin probar bocado. Estoy a punto. Casi lo tengo. Me sudan las manos y me palpita el corazón. Se abren las puertas de la sala. Es la hora de mi dúplica. Ganaré, seguro.>>

<<Cuando el juez dio la vista por concluida, tenía un terrible dolor de cabeza que me taladraba el alma, haciéndome recordar aquel refrán de la antigüedad: "El dolor de cabeza, hace olvidar el de la oreja". Y es que podía entender el talón de Aquiles de mi cliente: su fobia a perder en algo, pero me tenía aburrido con su particular método socrático de sonsacarme cualquier tipo de información. Su lengua y sus pensamientos se movían tan rápidamente que licitaban entre sí para convencerme, a una velocidad pasmosa, de clavarle un buen parné en la minuta. Si no callaba pronto, el impulso de pagar a alguien para silenciarle iba a parecerme irresistiblemente seductor. Por enésima vez en los últimos quince minutos, tuve que recordarme a mí mismo por qué quise ser abogado: defender el valor de la justicia (aunque el proceso no fuese precisamente justo para mis oídos). >>
 
<<-Mamá, ¡por Dios! - gruñó exasperado-, deja el bolso en paz. ¡Me estás poniendo nervioso!
Se pasó la mano cansada por la cara y respiró profundamente, con toda la calma de la que fue capaz:
- Cualquier ciudadano podría haberlo visto- continuó hablando más para sí mismo que para su madre-. ¡Salta a la vista! El baremo de la empresa es una farsa. Ardides. Coacciones. ¡Puras mentiras! La consulta que hice a sus libros de cuentas lo deja todo claro. Las cifras no coinciden. Ni si quiera el registro telemático en Hacienda es veraz. ¡Una comedia! ¡Voy a hundirle! ¡A destruirle! Esta vez sí le tengo pillado por los…
- ¡Hijo!- le interrumpió abruptamente su madre-, un poco de respeto. Al fin y al cabo, estás hablando de tu padre.
- No, mamá- le contestó sibilino-, ese señor nunca fue mi padre- y con paso decidido entró en la sala.>>
 
<<- Puedes tomártelo con humor si quieres, pero el asunto es bastante serio- le aseguró su abogado.
- Julián- le contestó con una mezcla entre risa y llanto-, te repito que esa mujer está trastornada. ¡Quería estamparme ese maldito ladrillo en la cabeza! ¡Casi me mata la muy loca!
- Tranquilízate, Pedro- le pidió-. Tenemos que decidir qué hacer. ¡Quiere demandarte! - ¿Demandarme?- protestó estupefacto-. Yo sí la demandaré por todo lo que ha destrozado en mi casa. ¡Haré inventario de todo!
- ¡Es tu mujer!- le recordó. - ¿Mi mujer? – estalló colérico-. No se comportaba como mi mujer cuando la pasión hizo que se tirara a ese ingrato. ¡Un albañil de m…!
- ¡Pedro!- le interrumpió-, no sirve de nada enfoscarse. - Redacta la cédula y cítala para mañana- concretó derrotado tras un mórbido silencio-. No te prometo nada más.
Y sin más, colgó el teléfono.>>

<<"El Litigante" me apodaron de chiquillo, y es que nunca compartía la opinión de mis amigos, sea cual fuese el tema que saliera a colación. Ellos eran del Real Madrid. Yo del Atleti. Ellos coexistían con varias mujeres a la vez. Yo era fiel a la misma. Ellos salían hasta caer desmayados. Yo era más de peli y pizza en casa.
Con los años, esas diferencias no han cambiado: trabajos excéntricos vs abogado; solteros vs casado; sin hijos vs tres hijos; alquileres vs hipoteca… Sin embargo, nunca me he sentido fuera de lugar en este grupo tan dispar. Incluso ahora, en el interior de la celda en la que me encuentro por exceso de velocidad, me siento parte de él. Pagarán mi fianza. Me obligarán a comparecer en el juicio (mintiendo). ¡Y a otro menester! Y es que amigos como éstos, muy pocos.>>

<<Promulgar en el bufete que iba a llevar a los tribunales la cacería de elefantes en Botsuana que perpetró el Rey hace dos años no me ayudó a ganar amigos. Pero el apoyo inquebrantable que me ofrecía WWF España y otros ecologistas de gran notoriedad les hizo morderse la lengua una vez más.
La inviolabilidad del Rey se estaba haciendo añicos. Su abdicación era la ironía suprema que coronaba los escándalos que han ido marcando a la familia real a lo largo de los últimos años: corrupción, supuestas amantes, caza ilegal,…
Mis colegas de profesión me tildan de fría y categórica. "Un cactus del derecho" sentencian a mis espaldas.
En casa, mis hijos me tachan de pragmática. Mi marido de chiflada. Me da igual. A lo largo de mi vida me han llamado muchas cosas y nunca me ha importado.>>

<<- ¿Culpable?- increpé indignado-. En mi defensa y justificando mi limitada experiencia con mi corta edad diré, que desde que alcanza mi memoria, se me ha considerado un pobre desgraciado sin oficio ni beneficio y que, debido a esa infundada teoría, hoy he sido acusado sin razón ni justicia. Ratificándome en que no era mi turno el no desempeñado, exijo que se me declare inocente y se me exculpe de inmediato de todos los cargos de los que he sido acusado.
- Ignacio, por favor- replicó cansinamente mi madre alargando la "o"-. Sólo te he preguntado por qué no has puesto la mesa si hoy te tocaba a ti.
- ¡Qué afirmación más gratuita, madre!- insistí envalentonado-. El turno era de mi hermana que, como acostumbra, ha ignorado sin más.
- ¡Cuando te pones en plan jurista no hay quién te aguante, hijo!- decretó ella fatigada mientras se alejaba.>>

<<Mi pupila, una bisoña abogada de veintitrés años de edad, me daba mil vueltas en lo que a equidad se refería. Y eso me hacía sentir viejo, reservado y huraño. Más de cuarenta años dedicados a mi profesión y tenía la aguda sospecha de sentirme rematadamente vacuo y sin esencia.
La justicia siempre había sido mi norma imperativa por excelencia y empezaba a preguntarme si seguía siéndolo.
Seleccionar instintivamente los casos más fáciles y rehusar aquellos en los que realmente creía por su complejidad no ayudaba, minaba mi voluntad y concentración y me provocaba molestos dolores de cabeza por las continuas disputas que tenía con mi pupila, que me presionaba sin descanso para dejarle habilitar un pequeño cuarto para "esos casos", como ella los llamaba.
Me pregunto si no es el momento de jubilarme y pasar el relevo a las nuevas generaciones, más entusiastas e íntegras.>>

<<- ¿Vienes a entrenar?- preguntó asomándose a su despacho.
- Imposible. Esta semana tengo ocho reuniones y seis juicios- le contestó Juan Luis sin dejar de revolver su mesa.- ¿Dónde porras he puesto el dichoso escrito?
- No apareces desde que murió tu mujer, ¡y estamos en plena liga!- rugió enfadado su colega.
- ¿Y qué quieres que haga?- le replicó abriendo y cerrando cajones con violencia. - ¿Dónde narices…?
- Desconocía que fueses tan inflexible y legal, Ilustre abogado- replicó con ironía su amigo simulando una reverencia.- Sería preferible que echaras una ojeada a tu alrededor y comprobases en qué te estás convirtiendo.
- ¡No puedo suspender ninguna reunión, carajo!- gritó fuera de sí llevándose las manos a la cabeza.- ¡Me estoy jugando mucho!
- Sí, es cierto- le confesó mohíno su amigo mirándole con tristeza a los ojos.- Te estás jugando mucho- y cerró la puerta al marcharse.>>

<<- ¡No seas empalagoso!- me increpó enfadado-. ¡Es imposible! Tendría que haber roto el candado, haber entrado en el edificio y haberse llevado ese cachivache que dices. ¿Y para qué? ¿Por una deuda? No puedo creerlo, Antonio.
- ¿No puedes o no quieres?- insistí testarudo-. Ese cachivache, como tú dices, es una reliquia de incalculable valor. ¿Crees que el Decano no testificaría? ¡Lo vio todo! ¡Si le ha amenazado, por dios!
- ¿Ese enclenque? Por Dios, Antonio, en un juicio su testimonio no valdría. ¡Pero si asegura haber visto a la virgen!
- Juan, escúchame, sé que parece difícil de creer, pero mi hermano es un ladrón- persistí terco.
- ¿Y serías capaz de denunciar a tu propio hermano?- me preguntó tras un largo silencio.
- Sí- respondí tajante-, porque fue él.
- Iniciaré los trámites- ultimó sin más. Y con ello supo que había perdido un amigo.>>
 
<<- Debemos averiguar quién cometió el delito- decidió resuelto-. ¿Qué tenemos?
- El testimonio del testigo- respondió su hermana.
- Sí, pero los decomisos fueron destruidos.
Meditó durante un momento y añadió:
- Debemos trazar un plan.
- ¿Estás pensando en algo?- le preguntó ella.
- Sí, claro. El futuro de esta familia depende de ello.
- ¡Sólo me comí unas galletas!- cortó exasperado su padre.
- No- negó decisivo David-, destruiste las pruebas.
- Hijo- interrumpió su madre con voz dulce-, entiendo que tu sueño sea ser abogado pero ¿no crees que estás exagerando?
- Usted es la testigo- continuó tozudo-. ¿No se arrepentirá ahora de declarar?
- No, hijo, no- contestó cansinamente esta-. Testificaré contra tu padre.
- ¡Madre de Dios!- exclamó el padre resoplando-. No sé qué será mejor para esta familia: que alcances tu sueño o que se quede en el camino.>>

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