martes, 7 de enero de 2014

El arte de amar

 
Es maravilloso poder sentir en tu propia piel la fascinante magnitud que encierra el amor: sus dubitaciones, su nerviosismo, sus revoloteadoras mariposas, sus esperas, su pasión, su lealtad, su ceguera selectiva, su belleza, sus desvelos,...  
 
Algunos ateos lo describen como obsesión: un apego descontrolado e impulsivo por otro ser, humano o animal, que elimina nuestra capacidad de razonar y alimenta desproporcionalmente nuestra vena pasional. En absoluto, yo lo describiría así.

 
 
Para mí, el amor es una torbellino de sensaciones dispares entre sí que -juntas- se complementan a la perfección y que, en cambio, -separadas- están destinadas al desastre más inhumano, pues están mutiladas e inacabadas. Porque... ¿Qué es el amor sin riesgos? ¿Qué es el amor sin lágrimas?
 
El amor es un tumulto incontrolable de sentimientos, imposible de direccionar, que se alimenta de ardientes impulsos nacidos desde la más recóndita esencia de nuestro ser. Es el sentimiento más puro, más sincero y más real que padecemos desde que nacemos y muere con nosotros cuando perecemos.
 
Reconozco que, en ocasiones, duele, pero es precisamente ese dolor lo que hace crecer ese amor y lo hace más intenso y más auténtico. ¡Nos hace más reales!
 
 
El amor está repleto de discordancias, diferentes puntos de vista y algunas controversias. Y es precisamente esas desavenencias las que nos unen más y nos hacen más poderosos en nuestra relación, más fuertes y más fusionados.
 
Hoy he querido hablaros de amor porque estamos en unos tiempos en los que resulta fácil cerrar una puerta de nuestra vida y abrir otra nueva, sin importar lo más mínimo lo que dejáramos en la habitación que acabábamos de lapidar. Me parece triste y despiadado. Fácil.
 
Y me parece aún más cruel ver cómo los seres que se quedan en la primera habitación ven cerrarse esa puerta sin poder hacer nada, sintiéndose desnudos, vacíos y atados de pies y manos. Y, quizás (segura y muy probablemente), sean ellos los que tengan la llave de la puerta de la siguiente habitación.
 
 
La sociedad en la que vivimos no nos permite vivir el amor al cien por cien; en parte por propia elección y en parte porque es lo difícil, y lo difícil nunca es la elección de nadie.
 
Pues muy bien, señores, tengo que confesarles algo: lo difícil siempre es lo más intenso y hermoso porque cuesta más ganarlo y alcanzarlo, y siempre se valora más aquello que nos ha resultado difícil conseguir. Es así como puedes sentir en tu propia piel el amor al doscientos por cien y, desde aquí os digo, que vale la pena.
 
No esperéis más, no lo dudéis y luchad. Luchad por las personas que amáis caminando junto a ellas, a su lado. Luchad con todas vuestras fuerzas porque el resultado merecerá la pena.
 
 
Yo puedo confesar feliz que he vivido ese amor al doscientos y al trescientos por cien. He sido (y soy) amada por una persona que me lo da todo sin pedirme nada. He sido (y soy) amada por tres perros preciosos que me lo dan todo sin pedirme nada. He sido (y soy) amada por una familia y unos amigos que me lo dan todo sin pedirme nada. Soy muy afortunada de poder decir que yo he vivido (y vivo) el amor cada día, las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, los trescientos sesenta y cinco días del año.
 
 
No seáis vosotros los que cerréis una puerta sin luchar por lo que dejáis en esa habitación. Abrid nuevas puertas junto a ellos, que seguro que seguirán vuestros pasos. Los resultados serán increíbles, de eso estoy segura.
 

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