Érase una vez una niña llamada Felicity que tuvo la
suerte de nacer en un pequeñísimo pueblo escondido entre las montañas de Anaga,
un lugar fascinante más propio de cuentos de hadas y duendes.
No voy a explicar qué es una adicción porque todos sabemos qué es y perderíamos tiempo en connotaciones innecesarias. Alcohol, drogas, nicotina, apuestas, compras compulsivas, móvil, sexo, culto al cuerpo, videojuegos, cafeína e, incluso, personas. No importa qué nombre lleve el espinazo de la dependencia, el "cuelgue" es el mismo.
Llevo
tiempo sin sentarme frente al portátil a aporrear las teclas sin pensar.
¿Sentarme frente al portátil? Sí, muchas veces, como si se tratase de un espejo
en el que puedo ver mi propio reflejo pero... ¿Escribir? He de confesar que no.