Desde críos, soñamos con alcanzar grandes metas, convertirnos en superhéroes e, incluso, con imitar a nuestros padres en sus propias utopías. Esas quimeras fluctúan a lo largo de los años, mutándose, transformándose hasta que por fin, un día, se enciende una bombilla sobre nuestra cabeza que nos ayuda a elegir qué camino debemos seguir. Y lo escogemos.
domingo, 12 de junio de 2016
domingo, 22 de mayo de 2016
Príncipes
Yo soy muy de azules: la ropa, el pintauñas, un inmenso océano en el que perderme, el cielo de verano, la ropa interior... Si por mí fuera, hasta las lentejas estarían teñidas de este alucinante color. ¡Incluso mi perro estaría coloreado de color azul! (prácticamente lo es pues se caracteriza por ser un cocker spaniel azul-ruano). ¿Pero los príncipes? Si en el siglo XVII se decía en Francia que el azul era un color maravilloso, de ahí el apelativo que se le puso a estos rescatadores de damas en apuros, yo reivindico que en el siglo XXI en España los príncipes sean de color verde. ¡No, rojo! ¡No, rosa! ¡Morado! ¡Amarillo! Ay, no sé... ¿Con purpurina? Ufff, ¿multicolores y llenos de brillantina y luces de neón? Así podríamos distinguirlos... Mira, ¡yo qué sé! Me conformo con que sean HOMBRES (en mayúsculas).
lunes, 16 de mayo de 2016
La mujer de ayer y hoy
Ya lo afirmaba Rosa Luxemburgo cuando luchaba "por un mundo donde fuésemos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres"; aunque ella bien lo aseguraba en otros términos totalmente diferentes al que me refiero hoy aquí, por supuesto. Esta filósofa, activista y economista de finales del siglo XIX no pudo más que anhelar algo que, a las claras, no se ha logrado alcanzar por completo. ¿Socialmente iguales? En absoluto. ¿Humanamente diferentes? Quizás. ¿Totalmente libres? De ningún modo.
sábado, 30 de abril de 2016
Respirar dentro de mí
"Has llamado a mi puerta una, dos, cien veces y siempre haces lo mismo. No hablas. No preguntas. Ni si quiera dudas. En cuestión de segundos y sin dejar de mirarme con determinación a los ojos, me alzas entre tus brazos, entras conmigo en mi casa, cierras la puerta de una patada y clavas mi espalda contra la pared. Con decisión, presteza, sin preguntarme si estoy sola o acompañada o si yo también lo quiero. Sin darme la oportunidad de negarme. Sin opciones".
lunes, 4 de abril de 2016
El valor de las personas
"Vale su peso en oro" es una expresión que viene de antaño cuya procedencia baraja diferentes hipótesis:
- Una pena de los pueblos bárbaros del norte de Europa, cuyas leyes castigaban a los asesinos a compensar a los herederos de la persona a la que habían matado con el pago de tantas monedas como peso tenía el difunto.
- En la Edad Media, esta expresión hacía referencia al pago que tenían que hacer los familiares adinerados de un familiar raptado, pagando como tributo por su liberación el equivalente del peso de éste en joyas y monedas.
- Las personas devotas también hacían uso de este refrán cuando, rezando por la sanación de un familiar, entregaban al Santo el equivalente del peso del enfermo en monedas y oro.
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